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SIN MEDIAS NARANJAS, SIN MEDIAS TINTAS.

 

Lo cierto es que no había naranjas en la comida, y eso ya es una metáfora significativa cuando se trataba de enfrentar aquello de las parejas que somos, que tenemos, que vienen y, en general, la cultura de las relaciones sentimentales en esta época en la que estamos y en la que está viniendo. Todo ello también sin medias tintas y con el fin de entender y escucharnos, para aportar valor desde esto que somos y hacemos. Y es que esa tendencia de los despachos y la ley a decirnos lo que procede sin atender a lo que verdaderamente sucede; o llegando tarde; o estando lejos, cada vez funciona peor.

 

En fin: que nos juntamos con personas estupendas y encima con distintos momentos de juventud (23, 26, 33, …) y género diverso, y alguna veterana juventud o joven madurez (44). Y sí, por muy descortés que pueda resultar referir edades en este asunto es información valiosa para contextualizar. El caso es que se trataba de ir mucho más allá de los conceptos clásicos o revisarlos: matrimonio, separación, divorcio…por muy modernos o actualizados que los consideremos hay matices nuevos que están en otra dimensión o que aportan otro punto de vista.

 

 

 

El presente del futuro es que las parejas conviven para ser novios y como camino para serlo. Es decir, conviven como pareja incluso antes de asumir que lo son; y eso ya genera situaciones en común con trascendencia jurídica que permanecen en un limbo delicado: compras, mascotas …hasta hijos. Abrimos boca: pan de gambas con tartar de bacalao ahumado y algas. Sabroso e interesante.

 

Aunque la convivencia se afronta con ligereza, lo cierto es que el compromiso sigue importando y mucho. Si bien con un cambio de paradigma, la preocupación se centra en blindar la libertad para comprometerse y para elegir el compromiso y mantenerse en él, más que en blindar el compromiso mismo. Por tanto, todo lo que “ata” a las parejas debe ir acompañado de ese enfoque y de la convicción del dinamismo de la vida, de la evolución individual. El desarrollo personal es prioritario y esa autonomía del individuo no contra nadie ni a costa de nadie sino en común y en igualdad. No se trata de un sentido frívolo, egoísta o hedonista, sino de la individualidad como espacio para ser uno mismo y elegir; o no ser también con otro u otra, ambos en plenitud. Sashimi de atún con ajoblanco y edamame, y seguimos.

 

 

Persiste la necesidad de fomentar y afrontar la comunicación sobre el proyecto de vida en común como manera de anticipar situaciones y preservar ese futuro libre y juntos o no. Aun así todos reconocemos lo difícil de hablar de ciertas cosas y lo necesario de profundizar en las mismas. Y apreciamos lo curioso de que hacer testamento y planificar lo que trae la muerte está más naturalizado y está más aceptado que abordar esa posible “muerte del amor” o de la vida con nuestra pareja. Y por muy modernos que nos pongamos con la agilidad de los divorcios y separaciones y sus trámites la realidad es otra cuando hay lazos importantes en común. Abordemos, pues, el momento de hablar desde el tataki de costilla rubia gallega con fondo untuoso.

 

En la intensidad de la conversación y las reflexiones no faltaron ejemplos banales y a la vez muy ilustrativos: la tendencia es que las relaciones sean como una especie de renting. Definitivamente, la convivencia como camino hacia el compromiso de ser pareja, y este con una concepción más dinámica y flexible porque la movilidad vital está asociada al propio desarrollo personal, pero no por ello ese vínculo deja de tener firmeza pero se basa más en la libertad, en la voluntad individual y en la responsabilidad que en lo formal y contractual. Aunque la sociedad sobre todo en las ciudades más pequeñas sigue suponiendo una carga condicionante y de presión que todavía influye y limita.

 

 

Y aunque terminamos sin naranjas sí coincidimos en que los conflictos entre parejas que acaban dañando a todos y a todo son horrorosos y que merece la pena un verdadero cambio cultural, jurídico y social para que eso no ocurra y cualquier instrumento que ayude a prevenir o evitar eso será bienvenido. Que para eso no valen los actuales contenidos y procedimientos de separación y divorcio porque hay cuestiones que uno no puede dividir ni separar y que se comparten siempre. Enfriamos con crema fría de vainilla con frutos rojos.

 

Y así ratificamos que esos pactos de convivencia o esos acuerdos de vida que aborden y prevean, desde la serenidad y el espíritu constructivo de los momentos cotidianos y la estabilidad, los avatares y ciclos de toda historia vital y con vida (incluida el fin o ruptura) son cada vez más necesarios y más deseables. Se trata de sentar las bases sensatas para situaciones inesperadas e indeseables pero posibles, sin enajenaciones mentales ni emocionales y minimizando los daños colaterales. Una verdadera normalización y civilización de los momentos previstos, previsibles o inesperados e indeseables pero posibles. Se trata de un ejercicio de madurez y de responsabilidad aunque a todos nos cueste a hablar de lo que no nos gusta y en ese momento hasta duela pero parece evidente que lo que no se habla todavía puede doler más y tener más damnificados.

 

 

Sin medias tintas, naranjas completas que se suman con otras y hasta con limones…Y todo esto haciendo de taquígrafos de lo escuchado y hablado entre todos, gente sencilla y a la vez extraordinaria, con sus historias personales y de parejas, también sencillas y extraordinarias, como las de todos y las de cualquiera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2019-04-08T12:28:49+00:00 abril 8, 2019|Mesa&Mantel, Noticias - General|0 Comments

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